Parkinsonismo

En anteriores entradas, hemos visto el temblor esencial como la causa más frecuente de temblor de acción. En esta entrada, comentaré los criterios diagnósticos para el diagnóstico de la Enfermedad de Parkinson, siendo ésta la causa más frecuente de temblor de reposo. Pero la presencia de  temblor de reposo no es un criterio indispensable para el diagnóstico de Enfermedad de Parkinson, es decir, se puede diagnosticar de Enfermedad de Parkinson a un paciente sin temblor de reposo pero que presenta otros hallazgos que se engloban dentro de lo que se denomina parkinsonismo o síndrome parkinsoniano como se indica más abajo en el primer paso de los criterios diagnósticos.

Parkinsonismo

El término parkinsonismo se refiere a un síndrome clínico caracterizado por alteraciones motoras características de la Enfermedad de Parkinson idiopática. Se incluye en este síndrome la bradicinesia, la rigidez parkinsoniana, el temblor de reposo y la marcha parkinsoniana.

La presencia de parkinsonismo implica una alteración de la vía nigroestriatal dopaminérgica y puede ser confirmada por la respuesta al tratamiento con levodopa o agonistas dopaminérgicos y por pruebas de imagen con radiotrazadores que muestran el funcionamiento de esta vía.

El término parkinsonismo se ha definido clásicamente sobre los síntomas motores de la Enfermedad de Parkinson pero una visión más amplia debería incluir también los síntomas no motores en un futuro.

Parkinsonismo atípico

Se utiliza el término parkinsonismo atípico para designar aquellos pacientes con un verdadero parkinsonismo pero que tienen algunos hallazgos que no esperaríamos encontrar en la Enfermedad de Parkinson idiopática, como puede ser la presencia de signos simétricos al inicio del cuadro o un respuesta ausente a la levodopa.

Otras síndromes parkinsonianos además de la Enfermedad de Parkinson incluyen la parálisis supranuclear progresiva, la atrofia multisistémica, la degeneración corticobasal o el parkinsonismo vascular.

Criterios diagnósticos de la Enfermedad de Parkinson

Los criterios diagnósticos utilizados para el diagnóstico de la Enfermedad de Parkinson se basan en los criterios utilizados por el Parkinson´s Disease Society Brain Bank. En este famoso trabajo de 100 cerebros analizados de pacientes diagnosticados de Enfermedad de Parkinson en vida, en 24 presentaban un diagnóstico diferente anatomopatológico. Utilizando el 3º paso la precisión diagnóstica llegaba al 82%.

Los criterios diagnósticos propuestos constan de 3 pasos:

1º Paso. Consiste en el diagnóstico del síndrome parkinsoniano:

Bradicinesia y al menos uno de los siguientes:

  • Rigidez muscular.
  • Temblor de reposo de 4-6 Hz
  • Inestabilidad postural no explicable por alteración visual primaria, vestibular, cerebelosa o propioceptiva.

 

2º Paso: Se aplican unos criterios de exclusión para la Enfermedad de Parkinson que podrían orientar a otras etiologías con mayor probabilidad:

  • Antecedentes de enfermedad cerebro vascular a repetición, con progresión escalonada de las manifestaciones parkinsonianas.
  • Traumatismos craneoencefálicos repetidos.
  • Antecedente de Encefalitis confirmada.
  • Presencia de crisis oculógiras.
  • Registrar tratamiento con neurolépticos al inicio de los síntomas.
  • Dos o más familiares con parkinsonismo.
  • Remisión significativa del cuadro en forma espontánea.
  • Cuadro unilateral exclusivo por más de tres años
  • Parálisis supranuclear de la mirada vertical.
  • Presencia de signos cerebelosos.
  • Síntomas severos y precoces de disautonomía.
  • Presentación precoz y severa de demencia.
  • Presencia de reflejo plantar extensor (“Babinski”).
  • Presencia de tumor cerebral o hidrocefalia comunicante en imagen.
  • Falta de respuesta a dosis altas de levodopa, habiendo descartado alteraciones en la absorción.
  • Antecedente de exposición a MPTP.

 

3 Paso: Criterios para establecer en forma prospectiva el diagnóstico de enfermedad de Parkinson

  • Inicio unilateral.
  • Presencia de temblor de reposo.
  • Curso progresivo.
  • Persistencia de asimetría afectando más el lado de inicio de la enfermedad.
  • Excelente respuesta al uso de levodopa (70 % o más, en relación a la evaluación basal).
  • Corea inducida por la levodopa.
  • Respuesta a la levodopa por cinco años o más.
  • Curso evolutivo de 10 años o más.

Hughes AJ, Daniel SE, Kilford L, Lees AJ. Accuracy of clinical diagnosis of idiopathic Parkinson’s disease. A clinico-pathological study of 100 cases. JNNP 1992;55:181-184.

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Temblor esencial: inicio del tratamiento

En las entradas anteriores se ha tratado sobre el Temblor Esencial, fisiopatología y síntomas. En esta entrada comentaré brevemente los tratamientos más utilizados.

Ideas generales:

– No existe ninguna medicación que proporcione una cura completa pero existen medicaciones que pueden mejorar la severidad (reducen la amplitud) del temblor.

– El tratamiento farmacológico no está libre de efectos adversos por lo que tras iniciar el tratamiento se debe controlar al paciente para detectarlos.

– Entre los diversos tratamientos existentes se deben elegir aquellos que hayan demostrado utilidad y que por los antecedentes del paciente no presenten contraindicaciones para su uso.

– El tratamiento se debe iniciar con una dosis baja e ir subiendo progresivamente.

– Ante la presencia de efectos adversos intolerables se retirará el fármaco y se introducirá uno nuevo.

– En aquellos casos donde se utilize la dosis máxima de uno de los fármacos y no se halla obtenido el efecto clínico deseado se podrá añadir un segundo fármaco (combinación).

– En aquellos casos donde se agoten todas las posibilidades farmacológicas se valorará la cirugía.

¿Cuando iniciar el tratamiento?

El inicio del tratamiento farmacológico suele comenzar cuando el temblor interfiere en las actividades de la vida diaria o si el temblor es embarazoso socialmente para el paciente.

 

Tratamiento del temblor leve sin impacto en las actividades de la vida diaria

En estas situaciones no se considera necesario un tratamiento crónico porque no hay impacto en las actividades de la vida diaria o este es tan mínimo para el paciente que no se justifica el uso diario de fármacos.

Se realizan una serie de consejos como evitar sustancias estimulantes como el café, té o refrescos con cafeína. Se recomienda reducir las situaciones estresantes que puedan hacer aumentar el temblor.

El alcohol ha demostrado que reduce la amplitud del temblor entre un 50-90%. Algunos médicos justifican la toma de alcohol 30 minutos antes de forma puntual para disminuir la amplitud del temblor, por ejemplo, ante una acontecimiento social que pueda resultar embarazoso para el paciente o que le ocasione ansiedad. Es una recomendación muy conflictiva por el potencial abuso que se podría realizar.

Para estas situaciones donde puede producirse un episodio puntual de empeoramiento del temblor ante un evento social se puede recomendar la toma de propanolol 20-40 mg alrededor de una hora antes previo al evento (ver más abajo uso de propanolol).

Tratamiento del temblor leve-moderado con impacto en las actividades de la vida diaria

Los tratamientos farmacológicos más utilizados son: propanolol, nadolol, primidona, gabapentina y topiramato (recomiendo leer la ficha técnica en el enlace). Se insistirá también en las medidas anteriores.

El propanolol es un beta bloqueante de los receptores adrenérgicos no selectivo. La principal limitación de su uso es la presencia de contraindicaciones como asma, insuficiencia cardíaca, diabetes o la presencia de bloqueo auriculoventricular, patologías muy frecuentes en el grupo de edad de los pacientes con temblor esencial. También produce efectos adversos muy frecuentemente como fatiga, impotencia, bradicardia y mareo. La dosis habitual es entre 120-320 mg al día repartido en 3 dosis. Se inicia con 10 mg al día. También se ha utilizado propanolol de liberación retardada.

Otros betabloqueantes menos estudiados y utilizados son el nadolol con  una dosis de inicio de 40 mg y una dosis habitual de 40-80 mg mg/día que se puede utilizar en una o dos dosis. También se ha utilizado el atenolol con una dosis habitual de 50-200 mg y una dosis de inicio de 50 mg /día.

La primidona es un fármaco anticonvulsionante. Su eficacia ha sido ampliamente demostrada en el temblor esencial. La principal limitación para su uso son los efectos adversos que produce: sedación, mario, nauseas, vómitos, desequlibrio, confusión o vértigo. Se suele iniciar el tratamiento con 62.5 mg / día y se aumenta lentamente hasta una dosis habitual de 125-250 mg día.

La gabapentina es un fármaco antiepiléptico. La dosis de inicio es de 400 mg y la dosis habitual entre 1200-2400 mg al día.

El topiramato es un fármaco antiepiléptico que bloquea los canales de sodiio y potencia la actividad del GABA. Se ha demostrado su utilidad en el temblor esencial en varios estudios. El porcentaje de efectos secundarios es elevado a las dosis utilizadas: pérdida de apetito, pérdida de peso, parestesias y dificultades para la concentración. La dosis inicial es de 25 mg y la dosis eficaz es de 200-400 mg / día.

El alprazolam es una benzodiazepinta de corta acción. Aunque se conoce que dosis entre 0.125 mg – 3 mg al día reduce el temblor, su uso se reserva como terapia añadida a los anteriores fármacos en el temblor severo por el potencial adictivo y sus efectos secundarios.

Tratamiento del temblor severo con impacto en las actividades de la vida diaria

En esta fase, los pacientes están en tratamiento con varios fármacos de los anteriormente mencionados (quizás algunos no los han podido recibir por las contraindicaciones) y el temblor incapacita de forma severa para las actividades básicas de la vida diaria.

En este punto existe la alternativa de la cirugía. La talamotomía del VIM (ventral intermedio) y la estimulación cerebral profunda produce una reducción marcada o completa del temblor en el 70-90% de los casos. En la mayoría de los centros se utiliza la estimulación cerebral profunda. La talamotomía con gamma knife podría ser una alternativa en el futuro para pacientes no candidatos a cirugía.

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Temblor esencial: síntomas

El diagnóstico del Temblor Esencial comienza con una historia médica y una exploración neurológica «específica» para la descripción del temblor y neurológica «general» en busca de otros hallazgos que orienten a otras etiologías. Dependiendo los hallazgos puede ser necesario realizar analíticas o pruebas de imagen.

El estudio sistemático de grupos de pacientes ha desvelado que coexisten otros síntomas y signos aparte del temblor que podrían estar relacionados y a los que previamente no se había prestado atención. Estos hallazgos se dividen en hallazgos motores y no motores. Entre los hallazgos motores aparte del temblor, se han descrito alteraciones de la marcha con inestabilidad postural y marcha atáxica así como alteraciones de los movimientos oculares. Entre los hallazgos no motores se ha relacionado con ansiedad, síntomas depresivos o fobia social así como deterioro cognitivo leve (fundamentalmente de las funciones ejecutivas) y un incremento del riesgo de demencia.

Descripción clínica del temblor

El temblor más frecuente es de las extremidades superiores y puede comenzar a cualquier edad pero en la mayoría de las ocasiones aparece entre la 6ª década y la 8ª década. El hallazgo más habitual es la presencia de un temblor cinético en las manos que se manifiesta en la dificultades que los pacientes refieren a la hora de manejar objetos: en la comida temblor de la mano al coger un vaso, comer con los cubiertos o a la hora de escribir. Se asocia también un temblor postural, temblor intencional (58%) y temblor de reposo (en una serie del 18%, uno de cada 5,  y son pacientes con mayor tiempo de evolución y severidad).

La frecuencia del temblor cinético suele ser entre 4-12 Hz y es inversamentalmente proporcional a la edad del paciente, es decir, a mayor edad menores frecuencias.

La amplitud del temblor cinético suele ser mayor que la del temblor postural y lo contrario debe poner en alerta para la búsqueda de otras causas. En un estudio se ha visto que a cuatro años se aumenta la amplitud del temblor en un 7%.

Otras regiones corporales se pueden ver afectadas por el temblor.

El temblor cefálico de tipo «no-no» suele aparecer años después de que aparece el temblor esencial y entre un tercio y la mitad no se dan cuenta de que lo tienen. Este temblor es cinético y hasta el 10% postural.

El temblor mandibular es un hallazgo menos frecuente y predominantemente postural (aparece durante la fonación prolongada o bien cuando se mantiene la boca ligeramente abierta) o un temblor cinético (durante el habla). Cuando el paciene cierra la boca y aparece temblor es díficil reconocer si está totalmente relajada o no para poder diferenciar si es postural o de reposo.

El temblor de las piernas es cinético y generalmente leve y sin impacto funcional.

La severidad el temblor oscila entre pacientes con síntomas muy leves sin interferencia en las actividades de la vida diaria a pacientes  muy incapacitados.

 

Entradas previas recomendadas:

Descripción del temblor

Exploración del temblor

Causas de temblor de acción

Causas de temblor de reposo

Temblor esencial

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Temblor Esencial

Desde principios del siglo XX se ha utilizado el término “temblor esencial” para describir una forma de temblor cinético habitualmente familiar para el cual no se conocía ninguna causa. Esta descripción del Temblor Esencial hoy en día está en evolución gracias al estudio clínico de series de pacientes, de técnicas de neuroimagen y neuropatológicos. En esta entrada comentaremos el origen del concepto de Temblor Esencial y los hallazgos neuropatológicos.

Origen del término y definición

El término “tremore semplice essenziale” (temblor esencial simple) fue inicialmente utilizado por Pietro Burresi, profesor de la Universidad de Siena  (Italia, 1874) para describir un varón de 18 años con un temblor severo de acción que presentó en un caso clínico y posteriormente publicó. Años después se describieron casos similares al descrito por Pietro Burresi que recibieron varios nombres “temblor esencial congénito”, “temblor esencial” y “temblor esencial hereditario”. Desde finales del siglo XIX y principios del XX se comenzó a utilizar el término temblor esencial para definir una enfermedad cuya principal (y única, por entonces) característica era el temblor y que tenía un carácter hereditario y multigeneracional. Esta definición es fruto de su época donde las enfermedades se diferenciaban en tres grandes grupos: las enfermedades infecciosas agudas (obviamente no heredables), crónicas y «constitucionales» (parcialmente heredables, donde el estilo de vida y factores externos pueden hacer que la enfermedad se manifieste) y aquellas en las que era absolutamente heredable. Por otro lado, el significado «esencial» es un tanto oscuro y se puede tender a pensar al paciente que es una característica necesaria y «constitucional» del paciente.

Fisiopatología

La hipótesis tradicional abogaba por la presencia de un oscilador central responsable del temblor y que residía en la oliva inferior. Esta hipótesis se basaba en la “ausencia de hallazgos neuropatológicos relevantes” de los estudios previos (cosa que no era cierta), en un modelo animal utilizando una neurotoxina (harmalina) que producía un temblor de forma aguda y la destrucción de células de Purkinje pero que no era un modelo de enfermedad humana y en la suposición (sin evidencia empírica) que la oliva inferior era la estructura anatómica “marcapasos” responsable.

Esta hipótesis hoy en día se encuentra rechazada a la luz de los estudios neuropatológicos.

El estudio de los cerebros de pacientes con Temblor Esencial han determinado que en todos los cerebros estudiados se encuentran hallazgos patológicos.

Los cambios observados son de dos subtipos: por un lado, la presencia de cambios de degeneración cerebelosa, siendo los hallazgos más importantes la presencia de torpedos axonales (son dilataciones fusiformes de la porción proximal de los axones de las células de Purkinje) que están incrementados hasta en 6 veces y una reducción del 40% de las células de Purkinje; por otro lado, la presencia de cuerpos de Lewy en el locus ceruelus. Estos hallazgos han dado lugar a la denominación de dos subtipos patológicos: Temblor Esencial cerebeloso y variante de cuerpos de Lewy de Temblor Esencial.

Cada cerebro estudiado tiene uno u otro subtipo y no coexisten ambos hallazgos siendo el primer subtipo el más frecuente.

Por los hallazgos neuropatológicos, las alteraciones sugestivas de degeneración cerebelosa(el subtipo más frecuente) sitúan al cerebelo como el responsable del temblor esencial.

El locus ceruleus es la mayor fuente de norepinefrina en el cerebro y tiene conexiones con las células de Purkinje. Estas proyecciones son importantes para el desarrollo  y normal mantenimiento de las células de Purkinje. A un nivel funcional, la pérdida de actividad del locus cerueleus produciría una disminución del efecto estimulador del locus cerueleus sobre las células de Purkinje.

Las células de Purkinje tienen un efecto neto inhibitorio. Tanto por la reducción de este efecto inhibitoria directo (primer subtipo) o indirecto (segundo subtipo), la consecuencia final sería una alteración de la vía cerebelo-tálamo-cortical.

Estos hallazgos han dado como resultado dos consecuencias fundamentales: considerar el Temblor Esencial como una enfermedad degenerativa y, por otro lado, comenzar a entender que dentro del título Temblor Esencial es posible que nos encontremos ante diferentes enfermedades y no una única entidad.

Entradas previas recomendadas:

Descripción del temblor

Exploración del temblor

Causas de temblor de acción

Causas de temblor de reposo

 

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Sindrome de Horner: test de colirios y test del sudor

 

En otra entrada comenté un caso de Síndrome de Horner secundario a disección cervical. En esta ocasión os dejo una presentación de nuestra residente de Neurología Mar Irida Lloret del Hospital Universitario de Cruces sobre la utilización de los test de colirios y test del sudor para la localización de la lesión cuando se presenta este síndrome. ¡ Gracias Mar!

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