Quiste coloide del tercer ventrículo

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Esta imagen de resonancia pertenece a un paciente de edad media que comenzó con cefalea brusca con los movimientos cefálicos. La aparición de la cefalea en un paciente «de novo», la edad de aparición y las características de la misma me llevaron a solicitar una prueba de imagen que reveló el quiste del 3º ventrículo de la imagen de resonancia cerebral.

El quiste coloide del 3º ventrículo es una lesión intracraneal «benigna» bastante rara puesto que representa menos del 0.5% de las masas intracraneales.

Su localización es típicamente en el techo del 3º ventrículo entre ambos forámenes de Monro y los pilares anteriores del trígono.

Los síntomas del quiste coloide del 3º ventrículo son muy variables. Como en este caso, se puede decir que es bastante característica la aparición de cefaleas recurrentes que se desencadenan y alivian con los cambios de posición, con o sin datos de aumento de la presión intracraneal. Esto se atribuye porque el quiste tiene en ocasiones un pedículo que con los movimientos cefálicos puede provocar la obstrucción transitoria de uno o de ambos forámenes de Monro. Puesto que puede afectar a los pilares anteriores del trígono se ha asociado a episodios de amnesia retrógrada y anterógrada autolimitada. No es infrecuente la aparición de unos síntomas similares a la hidrocefalia normotensiva. El riesgo más temido es la hidrocefalia aguda por la obstrucción de los forámenes de Monro y la consecuente herniación amigdalar que puede dar lugar a la muerte súbita del paciente.

Dependiendo del tamaño, sintomatología y edad del paciente se puede optar por un control radiológico y clínico o bien por una extirpación del quiste, la cual se puede realizar por diferentes vías (transcallosa, transventricular, transcallosa intertrigonal o transventricular subcoroidea). Otra opción menos invasiva consiste en la aspiración del quiste mediante esterotaxia o por vía endoscopia. En cualquier caso en pacientes ancianos o con patologías concomitantes se puede optar por una derivación ventriculoperitoneal.

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Fármacos con efecto anticolinérgico

Los fármacos con efecto anticolinérgico pueden producir o exacerbar alteraciones frecuentes en pacientes mayores a nivel periférico y a nivel central. A nivel periférico podemos observar estreñimiento, retención urinaria, taquicardia o visión borrosa. A nivel central se observan alteraciones de la atención, memoria o de otras funciones cognitivas.

Estos síntomas y su exacerbación son un motivo muy habitual de consulta y se han relacionado como predictores de discapacidad y deterioro cognitivo.

Es muy habitual atender a pacientes con síntomas anticolinérgicos a nivel central que toman habitualmente uno o varios de estos fármacos. En una primera aproximación, se deberían identificar estos «presuntos» fármacos, a continuación revisar el motivo de la prescripción y si se ha conseguido su efecto terapeútico. No es inhabitual observar un inapropiada «cascada terapeútica», es decir, una sucesión encadenada de prescripciones en la que un fármaco produce un efecto adverso que no se reconoce como tal y se trata con otro fármaco y así sucesivamente. Más información sobre el tema de la cascada terapeútica lo podéis encontrar en el Boletín Infac de Osakidetza «No hay medicamentos para toda la vida» y una relación de fármacos que se deben retirar de forma gradual y otros que no requieren una retirada gradual para evitar complicaciones de su retirada brusca.

A continuación os pongo una relación de fármacos (hay muchos más) con efecto anticolinérgico de una artículo publicado en la revista Archives of Internal Medicine en 2008 titulado The anticolinergic risk scale an anticholinergic adverse effects in older person.

Los autores establecieron una escala de riesgo que asociaron a efectos anticolinérgicos que buscaron en sus pacientes. Para calcular la puntuación asignaron 3 grupos: por cada fármaco del grupo con mayor riesgo de efecto anticolinérgico asignaban 3 puntos, al segundo grupo 2 y al tercero 1 puntos. El score total se calculaba por la suma de puntos para cada fármaco.

Grupo alto riesgo:3 puntos

Amitriptilina, Atropina, Carisoprodol, Ciproheptadina, Clorpromazina, Flufenazina, Hidroxizina, Imipramina, Perfenazina, Prometazina, tizanidina.

Grupo riesgo medio:  2 puntos

Amantadina, Bacloneno, Cetirizina, Clozapina, Loperamida, Loratadina, Nortriptilina, Olanzapina, Paroxetina, Pramipexol, Tolterodina

Grupo bajo riesgo: 1 punto

Levodopa-carbidopa, entacapona, haloperidol, metoclopramida, mirtazapina, quetiapina, ranitidina, Selegilina, trazodona, risperidona, Ziprasidona.

Desde el punto de vista práctico tendríamos que tener en cuenta estos fármacos independientemente en el grupo que se encuentren:

1. ante la aparición de un síntoma anticolinérgico y el inicio reciente de la toma de alguno de estos fármacos, y

2. ante pacientes con deterioro cognitivo, evitando cualquiera de la lista y buscando una alternativa terapeútica.

Debido al interés suscitado por este tema, os remito a una segunda parte.

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¿Hernia discal o protusión discal?

Creo que la unificación del lenguaje médico es una de las tareas más difíciles. Cuando uno asoma a una patología en particular, en mi caso neurológica, y comienza a leer la metodología de los artículos se lleva una gran sorpresa cuando observa que la definición de conceptos y su diagnóstico por criterios médicos o radiológicos varía de unos autores a otros, lo cual hace muy difícil comparar los diferentes trabajos.

Los médicos necesitamos utilizar entre nosotros términos precisos para facilitar su estudio y favorecer el diagnóstico y el tratamiento.  Si entre nosotros éste entendimiento es necesario, en el caso de la comunicación médico-paciente es prioritario.

Todo esto porque un paciente ha acudido a mi consulta preguntando cómo es posible que antes tenía una resonancia donde tenía dos hernias discales lumbares y ahora son protusiones discales. Sin comentarios la “discusión” que tuvo con el radiólogo cuando se enteró del resultado. No descarto que detrás de todo hubiera algún tipo de beneficio económico. De todas formas, aquí va unas pequeñas disquisiciones basadas en el artículo publicado en el año 2001 en la revista Spine titulado Nomenclature and Classification of Lumbar Disc Pathology que son Recomendaciones de la Sociedad Americana de radiología de columna y neuroradiología. Una actualización más reciente la podéis encontrar en la Revista de Radiología del 2012 titulado Nomenclatura estandarizada de la patología discal. En éste último podéis encontrar una correlación con las imágenes de resonancia de columna.

El disco intervertebral es una estructura situada entre dos vértebras adyacentes a nivel tanto cervical como dorsal y lumbar. Consta de dos partes: el núcleo pulposo (nucleus pulposus) y el anillo fibrosos (annulus fibrosus). El núcleo pulposo es la parte central y el anillo fibroso es un anillo externo que se encuentra rodeando al núcleo pulposo. Está delimitado por arriba por los platillos superior e inferior de las vértebras.

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El disco se puede dividir esquemáticamente en una circunferencia que a su vez se puede divdir en cuatro cuadrantes.

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            La fisura anular consiste en la separación de la fibras del anillo fibroso del disco, que puede ser radial (la más frecuente), transversal o concéntrica. Se utilizan términos como desgarro o fisura pero no implica que el mecanismo casual sea traumático.

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El término herniación discal define un desplazamiento del material discal más allá de los límites de la ubicación habitual en el espacio discal intervertebral. El término material discal se refiere no solamente a núcleo pulposo sino que también puede incluir en grados variables a cartílago, anillo fibroso e incluso fragmentos de apófisis. Para que exista este desplazamiento es necesario que se produzca disrupción del annulus o del platillo.

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       Normalmente el desplazamiento del núcleo pulposo se hace sinónimo de herniación discal, pero puede incluir el resto de elementos mencionados. Actualmente, para definir el desplazamiento de material discal se prefiere el término de hernia al de protusión, dejándose éste último para definir un tipo de hernia discal. Llegados a este punto es donde empieza la confusión: en la literatura se utilizan los términos hernia y protusión discal (disk bulge, en inglés). La diferencia entre ambos radica en la cantidad de disco desplazado. Si ésta es menor del 50% del disco o menor de los 180º de su circunferencia se denomina hernia, mientras que si es mayor del 50 del disco o mayor del 180º hablaremos de protusión. La confusión puede venir al traducir del ingles disk bulge como protusión discal y confundirlo con un tipo de hernia discal que veremos a continuación. Para evitar esta confusión se tiende a diferenciar la protusión anular difusa (también denominado «symmetrical/asymetrial bulging disc») cuando la cantidad de disco desplazado es mayor del 50% del disco  o mayo del 180º de su circunferencia, de la protusión discal que es un tipo de hernia.

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A su vez, la herniación puede definirse como focal, cuando involucra enos del 25% o 90º de circunferencia y de base ancha cuando involucra entre el 25-50% o 90-180º de circunferencia del disco.

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El disco herniado o herniación puede tomar las formas de protusión o extrusión, que se diferencian por la morfología del material desplazado. Se denomina protusión cuando la mayor distancia en cualquier plano, entre los bordes del material discal desplazados más allá del espacio discal es menor que la distancia entre los bordes de la base, en el mismo plano. La base se define como el área transversal de material discal en el margen más distal del espacio discal de origen, donde el material desplazado es contínuo con el material discal del espacio intervertebral. Se denomina extrusión si en al menos un plano, cuando la distancia entre los bordes del material discal desplazado es mayor que el espacio discal del que se origina o bien cuando no hay continuidad entre el material discal desplazado y el que permanece en el espacio discal.

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También se puede denominar secuestro, si no hay continuidad aparente entre el material discal desplazado y el que permanece en el espacio discal. El término migración de material discal se usa cuando el desplazamiento es muy significativo y se produce más allá del lugar de la extrusión, independientemente si está secuestrado o no.

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Las herniaciones discales es la dirección cráneo-caudal (vertical) a través de los platillos de las vertebras se denominan herniaciones intravertebrales.

Por último, las herniaciones de disco pueden ser contenidas, si la porción desplazada está cubierta por el anillo fibroso externo o no contenidas cuando está ausente.

Al final, mi querido paciente presentaba unas herniaciones discales con un desplazamiento menor del 50%, es decir, unas hernias discales focales, de tipo protusión y no una protusión anular difusa. Con lo cual quedó muy contento porque él quería tener unas hernias discales lumbares.

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Alteración de los ganglios de la base e ictus

Irrigación de los ganglios basales. Age an Ageing 2009

A propósito de un paciente que he tratado recientemente por corea tras un ictus isquémico he descubierto este artículo que me parece muy recomendable:  Movement disorders after stroke. Alexandra Handley et all. Age and Aging 2009, 38;260-266.

A continuación comento algunos datos que me han parecido útiles aunque es un artículo que recomiendo leerlo de principio a fin.

Los trastornos del movimiento tanto hipocinéticos como hipercinéticos están reconocidos como complicación del ictus isquémico y hemorrágico.

La frecuencia y prevalencia tras un ictus no está muy clara entre los datos publicados y oscila entre el 1-4 %. El trastorno del movimiento más frecuente es la hemicorea (hemicorea-balismo) y en segundo lugar la distonía.

El intervalo de tiempo entre el ictus y la aparición del trastorno del movimiento varía desde una media de 4 días en la corea, de uno a 5 días en el caso de la distonía y una media de 117 días en el caso de provocar parkinsonismo.

Este retraso podría deberse al tiempo requerido por un lado a la recuperación motora y por otro el desarrollo de un circuito patológico.

Se ha descrito cada trastorno del movimiento con varias lesiones dentro del circuito de los ganglios basales pero en conjunto  se podría afirmar que las lesiones lenticulares son las que se asocian más frecuentemente a la distonía y corea con o sin hemibalismo; las lesiones del tálamo posterior o que afectan las lesiones dentorubrotalámicas son las que más causan temblor y el parkinsonismo tras el ictus está asociado con lesiones de los ganglios basales (principalmente el estriado y el núcleo lentiforme) tanto unilateral como bilateral.

En el mismo artículo se relaciona en la tabla I el trastorno del movimiento, la localización de la lesión y las opciones farmacológicas utilizadas.

En mi experiencia, aquellos casos que he tratado con hemicorea-hemibalismo han respondido en 24 horas expectacularmente a la tetrabenazina sin efectos secundarios a corto plazo. Nada que ver con los efectos secundarios de los neurolépticos utilizados anteriormente en estos casos a dosis altas. En el caso de la distonía, la mayoría de los pacientes responden a dosis bajas de clonazepam o baclofen. En los otros casos, temblor, asterixis, mioclono, atetosis y pseudoatetosis no he precisado tratarlos bien porque no producían una incapacidad manifiesta o por lo limitado de su duración.

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Prevención de migraña

La Asociación Americana de Neurología (AAN) ha publicado en Neurology recientemente una puesta al día sobre el tratamiento preventivo de la migraña titulado “Evidence-based guideline update: Pharmacologic treatment for episodic migraine prevention in adults”.

Realizan una revisión de los artículos publicados en inglés en las bases de datos MEDLINE, PsycINFO and CINAHL publicados entre Junio de 1999 y Mayo 2007. Pretende ser un puesta al día de la anterior guía publicada en el año 2000.

Realiza un análisis por subgrupos de tratamiento:

1. Inhibidores de la enzima conversora de angiotensina y bloqueadores del receptor de angiotensina: concluye que el lisinopril y el candesartan son posiblemente efectivo para la prevención de la migraña (un estudio clase II cada uno) y que telmisartan es posiblemente inefectivo ( un estudio clase II negativo).

2. Fármacos antiepilépticos: concluye que el valproato sódico es efectivo en la prevención de migraña (multiples estudios clase I). Los datos son insuficientes para determinar la eficacia de la gabapentina (un estudio clase III). La lamotrigina es inefectiva para la prevención de la migraña (dos estudios clase I). La oxcarbacepina es posiblemente inefectiva para la prevención de la migraña (un estudio clase II). El topiramato es efectivo para la prevención de la migraña ( cuatro estudios clase I, multiples estudios clase II y un estudio clase II negativo). El topiramato es probablemente tan efectivo para la prevención de la migraña como el propanolol (un estudio clase I), valproato sódico (un estudio clase I) y amitriptilina (dos estudios clase II).

3. Antidepresivos tricíclicos: la venlafaxina es probablemente efectiva para la prevención de la migraña (un estudio clase I) y posiblemente es tan efectiva como la amitriptilina para la prevención de la migraña (un estudio clase II). La amitriptilina es probablemente efectiva para la prevención de la migraña (múltiples estudios clase II), es probablemente tan efectiva como topiramato (dos estudios clase II) y posiblemente tan efectiva com venlafaxina (un estudio clase II) para la prevención de la migraña. Existen datos contradictorios sobre el uso de la fluoxetina.

4. Beta bloqueantes: el metoprolol está establecido como efectivo para la prevención de la migraña (dos estudios clase II) y es posiblemente tan efectivo como nebivolol o aspirina para la prevención de la migraña (un estudio clase II cada uno). El propanolol está establecido como efectivo para la prevención de la migraña (múltiples estudios clase I) y es posiblemente tan efectivo como ciproheptadina para la prevención de la migraña.

5. Bloqueantes de los canales de calcio: los estudios analizados no clumplen los criterios de la AAN para su aplicación.

6. Triptanes: en este caso valorar el uso de triptanes para la prevención durante un intervalo corto de tiempo en el caso de la migraña asociada a la menstruación (probablemente también de la migraña menstrual). Frovatriptan se establece como efectivo (dos estudios clase I). Zolmitriptan y naratriptan son probablemente efectivos (un estudio clase I cada uno).

7. Inhibidor de la anhidrasa carbónica: la eficacia de la acetazolamida es desconocida.

Finalmente establece un nivel de recomendación:

Nivel A: efectivas y se deberían ofrecer en la prevención de la migraña: fármacos antiepilépticos: valproato sódico y topiramato. Beta bloqueantes: metoprolol, propanolol y timolol. Triptanes: frovatriptan como profilaxis de la migraña asociada a la menstruación.

Nivel B: probablemente efectivas: antidepresivos: amitriptilina y venlafaxina. Beta bloqueantes: atenolol y nadolol. Triptanes: naratriptan y zolmitriptan como profilaxis de la migraña asociada a la menstruación.

Nivel C: posiblemente efectivas: IECA: lisinopril. ARA2: candesartan. Alfa agonistas: clonidina. Fármacos antiepilépticos: carbamazepina. Beta bloqueantes: nebivolol y pindolol.

Nivel U: existen datos inadecuados o contradictorios: gabapentina, fluoxetina, fluvoxamina, bisoprolol, acetazolamida, bloqueantes de los canales de calcio…

Nivel A negativo: inefectivas y no se deberían ofrecer: lamotrigina.

Nivel B negativo: probablemente inefectivas y no se debieran de considerar: clomipramina.

Nivel C negativo: posiblemente inefectivas y no deberían ser consideradas: oxcarbacepina, termisartan, clonazepam…

COMENTARIO:

1. En cuanto a los antagonistas del calcio, aunque los criterios establecidos para su análisis en esta puesta al día no le otorguen un nivel de evidencia suficiente para su prescripción, la sociedad española de Neurología, a través Grupo de Estudio de las Cefaleas en su guía publicada en 2001, dice lo siguiente: “De todos los fármacos con propiedades antagonistas del calcio, la flunaricina es el único que ha demostrado convincentemente su eficacia sobre el placebo en el tratamiento preventivo de la migraña y es el único recomendado en nuestro medio con este fin (nivel de certeza I, grado de recomendación A)”.

2. Con respecto a la lamotrigina, en este artículo se establece como inefectiva y no debería ser ofrecida para la prevención con nivel A negativo. En la Guía del Grupo de Estudio de las Cefaleas se incluye su uso en las “situaciones específicas” y en pacientes con “aura migrañosa frecuente e intensa”.

3. Es curioso comparar las recomendaciones actuales de este artículo con las “recomendaciones” que se hacían en el año 2000, por ejemplo, se recomendaba la gabapentina (estaba en plena burbuja) antes que el topiramato cuyo uso en recomendaciones de aquellos años figuraba entre las de primera elección…

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