Responsabilidad individual frente al coronavirus

La pandemia del SARS- CoV-2 ha afectado a todo el planeta provocando miles de muertes y la curva de mortalidad irá aumentando en los próximos meses. Esperar a la denominada inmunidad de grupo (“de rebaño”) supondría aceptar un porcentaje de infectados con sus complicaciones y una mortalidad en torno al 4% (estimada actualmente pero que podría ser mayor) que sería inaceptable. Por otro lado, conseguir una vacuna antes de que acabe el año  y poder producir millones de dosis y administrarla a la población tardaría aún más. Tampoco se sabe si esa inmunidad sería duradera o no. Hacer estimaciones en el momento actual parece misión imposible así como ser “adivinos del pasado” no me parecería del todo justo. Todo no es negativo y en este tiempo se han aprendido muchas cosas: se ha formado al personal sanitario para utilizar los equipos de protección individual (EPI), los hospitales y centros de salud han demostrado una capacidad de organización sin precedentes salvo excepciones, se ha conseguido tener un stock de mascarillas, guantes y batas (EPIs), se han conseguido más equipos de ventilación mécanica, se realizan cada vez más PCRs en los hospitales (aunque su capacidad de detección sea objeto de discusión), está en marcha un estudio de detección poblacional que nos informará con mayor fiabilidad de la población afectada, se ha aprendido sobre el tratamiento de la COVID-19, se ha desarrollado un sistema de control en atención primaria para la atención y reconocimiento de los casos y contactos… y más aspectos que dejo sin señalar pero igual de importantes con toda seguridad.

Desde el punto de vista social se han creado grupos anónimos y otros dirigidos por los ayuntamientos de apoyo a las personas más mayores que viven solas y tenían necesidades  básicas no cubiertas; otros grupos se han comprometido en el diseño de máscaras de protección, mascarillas e incluso batas impermeables y coordinándose para abastecer a los sanitarios y las residencias; muchos voluntarios se han unido a las asociaciones “consolidadas” con DYA, Cruz Roja, banco de alimentos o Cáritas (y muchas más) y más gestos individuales de solidaridad que hemos podido conocer a través de los medios de comunicación.

LA LUCHA CONTRA EL CORONAVIRUS ES UNA CARRERA DE  FONDO

Desde el punto de vista individual muchas personas han sido muy responsables acatando las medidas de distanciamiento social pero es indudable que a través de los medios de comunicación se han recogido escenas que dejan mucho que desear. La lucha contra el coronavirus es una carrera de fondo desgraciada y desgraciadamente. Nos toca seguir adaptando nuestra vida diaria ante esta amenaza y no sabemos durante cuanto tiempo. Es fundamental seguir manteniendo las medidas de higiene de manos, uso de mascarilla y distanciamiento social. En una entrada previa puse Lo que yo hago y recomiendo desde que comenzó la pandemia.  Creo que deberíamos llevar de continuo la mascarilla cuando salgamos a la calle y no podamos mantener al menos dos metros de distancia con los demás si estamos y están paseando a nuestro alrededor  y siempre en espacios cerrados; en nuestro trabajo deberíamos llevarla en todo momento para evitar contaminar superficies; la distancia debería ser mayor entre personas que están corriendo a nuestro alrededor (cuatro metros) y si van en bicicleta (10 metros). El uso de guantes también debería ser de uso habitual en transportes públicos y zonas comunes para evitar aquellas superficies de contacto inevitables.

El coronavirus no se mueve y propaga si no lo hace a través de uno de nosotros y si observamos las medidas entre todos podemos arrinconarlo. De mientras, solo nos queda esperar un vacuna o un tratamiento eficaz pero eso ya no depende de cada uno de nosotros.

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MASCARILLAS FACIALES CONTRA EL CORONAVIRUS ¿SON ÚTILES LAS CASERAS?

 

En la actual pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2 (enfermedad por coronavirus iniciada en 2019, conocida como COVID-19 por sus siglas en inglés coronavirus desease 2019 ) ha existido un desacuerdo en las recomendaciones sobre su uso como medida preventiva en la población.

La transmisión del virus SARS-CoV-2 de persona a persona se realiza por transmisión directa por inhalación de microgotas liberadas a través de la tos, estornudos, la respiración o el habla o por el contacto de las manos con superficies contaminadas que luego entran en contacto con las mucosas orales, nasales u oculares. También se puede trasmitir por la saliva y probablemente a través de las heces (ruta fecal-oral).  Por tanto, debemos protegernos de las superficies que podrían estar contaminadas y de las microgotas en el aire. Del contagio a través de microgotas del aire nos podemos proteger con mascarillas y manteniendo la distancia. La distancia de propagación máxima en el aire en los virus respiratorios es de uno a dos metros. Recomendaciones de distanciamiento menores pueden producir el contagio de las personas que no están protegidas con mascarillas cuando hablen, tosen o estornuden. La prevención mediante contacto de superficies contaminadas se puede realizar con el uso de guantes desechables. Es fundamental para evitar el contagio cuando existen diversas vías el protegerse para todas ellas.

Mascarilla quirúrgica

Tipos de mascarillas

Existen varios tipos de mascarillas.  Las mascarillas quirúrgicas son para uso de pacientes infectados por coronavirus para evitar contagiar o contaminar superficies. Estas mascarillas no tienen válvulas de exhalación. También son útiles para el uso de personas asintomáticas que están incubando el virus y son contagiosas o bien personas paucisintomáticas (con síntomas muy leves) y son contagiosas también. Es decir, sirven para no contagiar pero no evitan el contagio. Protegen a los demás porque están diseñadas para filtrar las partículas emitidas por la persona que las usa durante la respiración. La capacidad de proteger a la persona que las lleva es muy baja.

Las mascarillas que filtran el aire ambiente son las que se usan para no ser contagiado a través del aire y son las que se denominadas mascarillas FPP (Filtering Face Piece). Protegen a la persona que las lleva porque filtran partículas y aerosoles para evitar ser inhaladas.

Existen varios tipos de mascarillas FPP que se dividen en 1,2 y 3 según su capacidad de filtración de partículas:

FPP 1: eficacia de filtración del 78%.

FPP 2: eficacia de filtración del 92 %.

FPP 3: eficacia de filtración del 98 %.

Estas mascarillas pueden tener válvulas de exhalación; la válvula facilita la respiración y evita la condensación por lo que pueden ser utilizadas durante más tiempo.

Las válvulas de exhalación no filtran el aire exhalado por lo que NO SE DEBEN USAR EN PERSONAS DIAGNOSTICADAS DE COVID-19 O CON SOSPECHA.

 

¿Cuándo cambiar de mascarillas y guantes?

 La recomendación es desechar ambos tras su uso. La mascarilla que ha sido usada se debe retirar sin tocar la parte que ha sido expuesta porque puede estar contaminada.

El uso de guantes y mascarillas no evita que se deba mantener el distanciamiento o la higiene de manos antes y después de su uso.

Es fundamental para la eficacia de la mascarilla que se adapte a la superficie de la cara y la nariz. Para ello disponen de un elemento metálico para ajustarlo a la nariz. Al coger al aire la mascarilla debe hacer un efecto de succión en la piel y al expulsar el aire no debe tener fugas de aire alrededor de la piel que la cubre.

 

¿Qué se sabe de la protección de las mascarillas hechas en casa?

 La utilización de mascarillas hechas en casa son una opción cuando no se dispone de mascarillas quirúrgicas. La eficacia de filtrar las partículas del aire es menor y depende mucho del tejido utilizado. En un estudio publicado en el 2013 se comparaba la capacidad de filtración de partículas en el aire exhalado (se simulaba el paso de aire a través de ellas de forma similar a la respiración) de varias mascarillas caseras con la mascarilla quirúrgica. Los patógenos estudiados eran de un tamaño inferior y superior al virus influenza (era el motivo del estudio). El microorganismo más pequeño era el Bacteriófago MS2 de 23 nm de diámetro (el coronavirus tiene un diámetro entre los 50-200 nm). En este caso la media en porcentaje de la eficiencia de filtración de la mascarilla quirúrgica era del 89,52 %, de un mascarilla confeccionada con una bolsa de aspiradora del 85,95 % (la rigidez del tejido hace que pierda eficacia cuando se aumentaba la presión sobre el material), con paños de cocina del 72,46 %, con una mezcla de algodón del 70,24 %, con funda de almohada antimicrobiana del 68,90 %, confeccionada con lino del 61,27%, con funda de almohada del 57,13 %, con seda del 54,32 %, con algodón 100 % del 50,85% y con una bufanda del 48,87 %.

Las mascarillas confeccionadas con algodón 100 %  y funda de almohada fueron más fácilmente adaptables. La utilización de dos capas no aumentaba significativamente la eficacia salvo cuando se utilizaba la tela de paños de cocina.

Las conclusiones fueron que el uso de la mascarilla quirúrgica fue superior en la capacidad de filtrar los microorganismos estudiados y en comodidad respecto a las mascarillas caseras. En sus conclusiones puntualizan que el uso de una mascarilla protectora no elimina totalmente el riesgo y que se debe usar junto con otras medidas de prevención; que el uso de mascarillas caseras es una alternativa cuando no se dispone de mascarillas quirúrgicas y que proporcionan poca protección contra los organismos de otras personas infectadas con enfermedades respiratorias.

 

Lo que yo hago y recomiendo desde que comenzó la pandemia

 Desde el comienzo de la pandemia he utilizado guantes desechables y mascarilla tanto cuando trabajo como cuando tengo que salir de casa. Siempre que he tenido disponibilidad me he puesto una bata desechable de celulosa al atender a los pacientes. En paciente diagnosticados de COVID-19 o sospecha he utilizado una EPI (Equipo de Protección Individual). Tanto antes como después del uso de guantes me he lavado las manos con desinfectante y/o con agua y jabón. También lo he recomendado a familiares, amigos y todo aquel que me ha preguntado.  No he esperado a recomendaciones oficiales.

 

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Apatía en la Enfermedad de Alzheimer, ¿qué hacer?

 

La apatía es probablemente el trastorno de conducta más frecuente en la Enfermedad de Alzheimer. Se suele confundir con depresión pero aunque pueden coexistir la apatía y la depresión, lo habitual es la apatía sin depresión. Los pacientes apáticos dejan de hacer aquellas actividades que previamente les gustaban y les entretenían, abandonan su hobbies: dejan de jugar a las cartas, de hacer crucigramas, cuidar la huerta, jugar al golf… Y pasan la mayor parte del día sentados sin hacer nada, quietos sin prestar atención a la televisión, la lectura o el entorno. Es habitual que los cuidadores lo describan de la siguiente forma:”si le dejas sentado, así se queda todo el día”.

Los pacientes con apatía en la Enfermedad de Alzheimer pierden el interés por realizar nuevas actividades, aprender nuevas cosas; si dirigen la atención a una actividad rápidamente la abandonan o no la repiten. Pierden el interés por las sucesos que ocurren a su alrededor y por las personas de su entorno y no muestran apenas sentimientos positivos o negativos ante los acontecimientos, da la impresión de que todo les da igual.

Los pacientes con apatía en la Enfermedad de Alzheimer parecen más torpes en las actividades de la vida diaria que lo que realmente puedan estarlo por el desarrollo de la enfermedad.

Algunas de las estrategias que se sugieren a los cuidadores para ayudarles con los pacientes con apatía son:

Intentar implicar al paciente en actividades que realizaban anteriormente y que les gustaban y con las que disfrutaban.

Simplificar y organizar lo que se le pide que haga.

Hay que tener mucho cuidado en no convertir la apatía en agitación. Intentando implicar al paciente en una actividad que anteriormente realizaba puede darse la situación que por el desarrollo de la enfermedad no la pueda realizar y eso lleve a frustración que se puede transformar en agitación o ira, o bien, tristeza y depresión. Será útil en estos casos intentar hacer la misma actividad pero de forma más simplificada o si tiene varios pasos dicha actividad, intentar realizar sólo uno de los pasos.

Estas actividades son más útiles si son programadas; puede ayudar la asistencia a grupos donde se desarrolle actividad física (baile o gimnasia), talleres de manualidades, taller de jardinería, cocina, música, lectura y escritura, cuidado y compañía de animales o de actividades creativas. Es fundamental dirigir al paciente a una actividad afín a sus gustos previos. En ocasiones, la asistencia a estas actividades con el cuidador facilita su realización y mantenimiento en el tiempo.

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