Apatía en la Enfermedad de Alzheimer, ¿qué hacer?

 

La apatía es probablemente el trastorno de conducta más frecuente en la Enfermedad de Alzheimer. Se suele confundir con depresión pero aunque pueden coexistir la apatía y la depresión, lo habitual es la apatía sin depresión. Los pacientes apáticos dejan de hacer aquellas actividades que previamente les gustaban y les entretenían, abandonan su hobbies: dejan de jugar a las cartas, de hacer crucigramas, cuidar la huerta, jugar al golf… Y pasan la mayor parte del día sentados sin hacer nada, quietos sin prestar atención a la televisión, la lectura o el entorno. Es habitual que los cuidadores lo describan de la siguiente forma:”si le dejas sentado, así se queda todo el día”.

Los pacientes con apatía en la Enfermedad de Alzheimer pierden el interés por realizar nuevas actividades, aprender nuevas cosas; si dirigen la atención a una actividad rápidamente la abandonan o no la repiten. Pierden el interés por las sucesos que ocurren a su alrededor y por las personas de su entorno y no muestran apenas sentimientos positivos o negativos ante los acontecimientos, da la impresión de que todo les da igual.

Los pacientes con apatía en la Enfermedad de Alzheimer parecen más torpes en las actividades de la vida diaria que lo que realmente puedan estarlo por el desarrollo de la enfermedad.

Algunas de las estrategias que se sugieren a los cuidadores para ayudarles con los pacientes con apatía son:

Intentar implicar al paciente en actividades que realizaban anteriormente y que les gustaban y con las que disfrutaban.

Simplificar y organizar lo que se le pide que haga.

Hay que tener mucho cuidado en no convertir la apatía en agitación. Intentando implicar al paciente en una actividad que anteriormente realizaba puede darse la situación que por el desarrollo de la enfermedad no la pueda realizar y eso lleve a frustración que se puede transformar en agitación o ira, o bien, tristeza y depresión. Será útil en estos casos intentar hacer la misma actividad pero de forma más simplificada o si tiene varios pasos dicha actividad, intentar realizar sólo uno de los pasos.

Estas actividades son más útiles si son programadas; puede ayudar la asistencia a grupos donde se desarrolle actividad física (baile o gimnasia), talleres de manualidades, taller de jardinería, cocina, música, lectura y escritura, cuidado y compañía de animales o de actividades creativas. Es fundamental dirigir al paciente a una actividad afín a sus gustos previos. En ocasiones, la asistencia a estas actividades con el cuidador facilita su realización y mantenimiento en el tiempo.

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Acerca de Tomás Pérez Concha

Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad del País Vasco. Especialista en Neurología vía MIR. Máster en Medicina Evaluadora y Peritaje médico por la Universitat de Barcelona. Capacitación técnica específica en Neurosonología por la Sociedad Española de Neurología.
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